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Los senadores olmedistas María Emilia Orozco y Gonzalo Guzmán Coraita votaron contra la postulación a jueza de la intachable jurista María Verónica Michelli solamente por ser cuñada del periodista Hugo Alconada Mon, quien sacó a la luz el caso $Libra, entre otros casos de posible corrupción.
El sainete en torno al pliego de la jueza María Verónica Michelli expone, con crudeza, hasta dónde está dispuesto a llegar el oficialismo libertario cuando siente amenazado su blindaje mediático y judicial.
Hace pocos días, el Gobierno ordenó retirar del Senado el pliego de Michelli –candidata al Tribunal Oral Federal 3 de La Plata– por un solo “pecado”: ser cuñada de Hugo Alconada Mon, abogado y periodista de investigación de La Nación, especializado en seguir la ruta del dinero y las zonas oscuras del poder. No se cuestionó su currículum, ni su trayectoria, ni su desempeño como magistrada; el problema fue el parentesco.
En ese contexto, los votos negativos de los senadores olmedistas María Emilia Orozco y Guzmán Coraita contra Michelli se alinean con esa vendetta institucional. No se trata de un debate serio sobre idoneidad o antecedentes, sino de un castigo ejemplificador a través del Senado: si te vinculás –aunque sea por lazos familiares– con quien investiga al poder, tu carrera judicial puede terminar en la guillotina política. El mensaje a jueces, fiscales y periodistas es transparente: el costo de incomodar al oficialismo se pagará en cargos, destinos y reputaciones.
En el caso Michelli, el patrón se repite con una vuelta de tuerca más inquietante: ya no se castiga solo al crítico, sino a su entorno familiar. Ese uso del aparato estatal para ajustar cuentas personales erosiona la independencia de poderes y envía una señal clara a cualquier adherente que considere levantar la voz.






