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Al parecer, los 4.000 metros de altura le jugaron una mala pasada al diputado libertario, quien pretende frenar las obras listas de la Ruta 51 durante medio año para achicar el camino un insólito 5%.
La falta de oxígeno en la Puna suele causar mareos, confusión y, en casos extremos, delirios de planificación urbana. Algo de esto parece haber afectado al equipo salteño de La Libertad Avanza, comandado por el diputado nacional Julio Moreno, tras su reciente visita a San Antonio de los Cobres. Con el entusiasmo de quien descubre la pólvora, el legislador anunció un revolucionario plan para reformular los tramos dos y tres de la Ruta Nacional 51, logrando el milagro de paralizar una obra vial clave que ya estaba lista para arrancar.
La propuesta libertaria, busca que Vialidad Nacional tire a la basura los planos actuales para diseñar una ruta alternativa. ¿El gran beneficio? Ampliar la calzada y reducir la altura del camino en un glorioso y preciso 5%. Mientras el diputado celebra su idea para potenciar el Corredor Bioceánico, los especialistas en vialidad miran el almanaque con terror: recalcular los estudios de suelo, modificar la ingeniería y tramitar la burocracia técnica demandará un mínimo de seis meses de parálisis absoluta.
En el maravilloso mundo de las ideas de Moreno, seis meses más de aislamiento y camiones rompiendo ejes en el barro parecen un costo menor a cambio de su firma en el proyecto. Cuestionar una obra al borde de la ejecución sin medir que su reformulación es un pasaporte al retraso crónico es una maniobra que solo se explica bajo los efectos de la altura.






